¿Por qué si nos pertenecemos no lo decimos?
Si lo sabemos ¿por qué lo callamos?
¿Por qué si te lo digo no respondes?
¿Por qué si me lo dices no lo entiendo?
Es el orgullo una barrera de espinas,
nuestro miedo a amar el lastre de nuestra ilusión,
un pandemonium por perdernos, por perderte,
ya que la desdicha acompañaría a tal solución.
¿Por qué el amar tiene que ser tan complicado?
¿Por qué no tragarlo de un solo bocado?
Y saborearlo hasta que ya no quede más.
Lo negamos concientes, lo sentimos al soñar,
palabras torpes nos alejan, miradas sinceras nos acercan,
sabemos que nos pertenecemos,
pero retamos al amor para no darle la razón.
Sabemos que somos el uno para el otro,
al menos en esta vida, al menos en este momento,
quizá ya el querernos no nos basta,
el tenernos no nos es suficiente,
pertenecernos es lo que anhelamos,
no perdernos lo que más ansiamos.
¿Cómo encontrar el espacio?
¿Cómo encontrar el tiempo?
¿Cómo decir las palabras exactas?
¿Cómo saber que es cierto?
Ahorita discutimos, ahora nos malentendemos,
que prueba mas fehaciente,
que acto más puro como muestra,
por la necesidad de tenernos,
que la tensión nos rebase.
El no podernos gritar: “te necesito”,
no confesarte que te admiro,
y no romper en llanto cada vez que te miro.
Se convierte en palabras distraidas,
pensamientos equivocados,
celos iracundos,
molestias inexplicables,
patadas de ahogado.
Y acá estoy escribiendo,
desnudando mi sentir,
corriendo el riesgo de descubrirme,
entregado a ti, abierto hasta el aura,
anudando mi garganta, pensando con desesperación,
esperando una pregunta, solo una pregunta,
disfrazando una confesíón.
Tu sabes quién soy, tu sabes quién eres…
S@fo
VN:F [1.9.4_1102]