Si eres asiduo lector de este blog te habrás dado cuenta de que a últimas fechas el sentimiento se ha antepuesto a la razón. Tan fácil como querer ser un poco más humano. Casualmente ayer vi una película que tocó este nervio que he tenido suelto desde hace un tiempo. El evitar toda falla a costa de la misma humanidad o aceptar las fallas cual animal que vive y se guía de acuerdo a su “suerte”.
La película en cuestión es Dogville, no me gustaría hacerles un “spoil” y por lo tanto me remito a recomendársela y ya me compartirán su punto de vista. Sin embargo, el punto álgido de mi monólogo se refiere a que tan humanos podemos ser como para cometer errores y que tan humanos como para no cometerlos. Es decir, que en ocasiones justificamos nuestros caprichos e intereses como mero resultado de nuestro instinto, de nuestra naturaleza, al mismo tiempo que no queremos adquirir responsabilidad sobre ello justamente por que es como somos y no podemos ser condenados por tal efecto. Entonces, ¿donde queda nuestra verdadera posición?, me niego a aceptar que una persona hace las cosas sin pensarlas, todos calculamos friamente nuestra posición frente a nuestra presa, enemigo y colega, y con base en esto actuamos, es justamente nuestro instinto. No existe el actuar sin el pensar, y quizá tampoco en viceversa.
Lo contrario sería una subestimación de nuestra verdadera capacidad como humanos.
Por cierto, ayer mientras me dirigía a la escuela de “English”, vi una imagen que me dejó perplejo; nubes, sol y cielo. Se las comparto.
Me maravilla como a pesar de todo la vida sigue su paso y se muestra tal cual es, hermosa y cruel.
This content is published under the Attribution-Noncommercial-Share Alike 3.0 Unported license.
¿Que estarás haciendo, culpable de mi alegría?
Y la vi…